Placeres prohibidos, “pactando con el diablo”

DISCLAIMER INTRODUCTORIO

Desde estas líneas intentamos dar consejos generales, de validez universal, pero siendo conscientes de que son eso, generales. La alimentación es un factor decisivo para tener un óptimo peso corporal, pero no es el único: el estilo de vida, la genética y el equilibrio del sistema endocrino de cada individuo también son importantes. Por eso, aquell@ que tenga un problema de sobrepeso, sería bueno que se pusiese en manos de un endocrino antes de ponerse a dieta.

Además, en el tema de la nutrición, como en los espaguetti westerns hay ciertos alimentos ya previamente etiquetados como “el bueno” “el feo” y “el malo”, Y aunque en líneas generales podemos decir que es así, también hay que reconocer que en lo que concierne a este tema, las cosas con frecuencia no son completamente blancas o negras sino que tienen diferentes tonos de gris. En este sentido nos gustaría aclarar posibles mal entendidos.

Por último, nos gustaría lograr algo aún más difícil: aprender todos juntos a disfrutar de los placeres de la buena mesa en su justa medida. Vamos a ello pues.

ALIMENTOS BUENOS Y MALOS

Es cierto que hay alimentos que aportan nutrientes importantes o protegen contra ciertas dolencias y también los hay que plantean riesgos para la salud. Aunque esto es verdad, no es toda la verdad ni es del todo verdad. Por ejemplo, el aceite de oliva es un maravilloso alimento y sus ácidos omega 3 son cardio protectores, pero es muy calórico y si lo consumimos en exceso, engordamos, lo que en sí mismo aumenta el riesgo cardio vascular. Lo mismo puede decirse de los frutos secos. Otro ejemplo: hay alimentos ricos en colesterol, como la yema de huevo (la clara no), la mantequilla, el tocino o el queso curado. ¿Hay que evitarlos? No. Hay que tomarlos en su justa medida por varias razones: en primer lugar, porque el colesterol es un ingrediente indispensable para la vida ya que las membranas celulares (las paredes de las células para entendernos) están formadas por colesterol y las hormonas también. En segundo lugar, porque además de colesterol puede que aporten otros nutrientes útiles y valiosos.

Por tanto, cuando nos planteemos comer nuestros placeres prohibidos, tenemos que hacernos las siguientes preguntas:

Poniendo el huevo como ejemplo

  1. ¿Engorda? El huevo no.
  2. ¿Tiene algún beneficio? Muchísimos. El huevo tiene un montón de nutrientes fabulosos además de proteínas. Es un alimento completísimo.
  3. ¿Tiene algún ingrediente potencialmente dañino? El colesterol, pero sólo si me inflo a huevos.
  4. ¿En mi caso concreto tengo yo problemas de colesterol? La hipercolesterolemia es básicamente un problema genético además de ambiental. Si yo no suelo tener alto el colesterol, es un alimento muy bueno y no engorda. Me tomo 3 o 4 huevos o un flan de huevo por semana tan rícamente.

Poniendo el queso curado como ejemplo

  1. ¿Engorda el queso manchego? En pequeñas cantidades no
  2. ¿Tiene algún beneficio además de estar buenísimo? Sí. Aporta calcio.
  3. ¿Tiene algún ingrediente potencialmente dañino? El colesterol y la sal, malos para la tensión.
  4. ¿Soy hipertenso o tengo hiper colesterolemia? Si se es ambas cosas, se toma un poquito el domingo que por un poquito no pasa nada. Si no se es pues se toma un poquito tres veces por semana, por poner un ejemplo.

Adjunto una tabla con las “delicias” más comunes, describiendo sus pros y sus contras y las cantidades aconsejables. Estas recomendaciones son muy generales y cada persona las tiene que adaptar a su caso particular. Una persona que no tenga ningún problema de tensión ni de colesterol podrá tomar más queso o embutidos que el que padezca estas dolencias.          

TRUCOS PARA DISFRUTAR SABIAMEMENTE DE LOS PLACERES PROHIBIDOS

La cerveza y el vino se pueden mezclar con gaseosa, lo que rebaja a la mitad las calorías que ingerimos. Por tanto, si nos tomamos dos claras, engorda lo mismo que una sola cerveza y están muy ricas. El vino de mesa también combina muy bien con la gaseosa, sobre todo en las comidas.

Los quesos y embutidos pueden ser grandes delicatessen. A mi juicio deben ser una recompensa semanal, para el domingo o el sábado, o ambos, por haber sido bueno y moderado. En este caso, creo que satisface más la calidad que la cantidad. Una semana de moderación bien merece un buen queso manchego curado o un camembert. Cuando comas tu embutido semanal que no sea chopped, sino Guijuelo. La calidad de la recompensa debe ser acorde al mérito del sacrificio. Además, dice el refrán que si “te lleva el demonio que te lleve en coche”. El queso fresco es muy sano u puede ser muy rico también, como el queso de Burgos, con membrillo o un poco de miel (no sigo porque se me está haciendo la boca agua)

Para todos los otros tipos de alimentos sabrosos, procura escoger las versiones menos nocivas. Un buen chocolate a la taza es mucho más sano que los chocolates industriales. El chocolate es una buena manera de tomar dulce porque tiene las ventajas ya descritas, está buenísimo y no incorpora levaduras (la bollería sí) ni más hidratos que el azúcar, pero no lleva harinas.

Si vas a las hamburgueserías, evita las patatas y los helados. La hamburguesa en sí misma es un bocadillo, pero las patatas están hechas con aceite requemado y por tanto desnaturalizado. Es mejor ir a la carnicería donde tienen preparadas deliciosas hamburguesas de carne buena de verdad y te la haces en casa con abundante cebolla y rodajas de tomate. El helado se dosifica mejor si lo tomas con cucurucho que en tarrina. En EEUU el tamaño estándar de las tarrinas es de dos litros.

Conviene evitar las frituras, pero si fríes, hazlo con freidoras que controlen la temperatura del aceite y evita que pase de 90 grados, que es la temperatura a partir de la cual el aceite cambia (a peor) su naturaleza química.

Y si por alguna circunstancia llegas a pasarte en algunas de las cosas ya dichas, siempre hay posibilidad de redención dándote un paseo de una horita por la tarde, haciendo de la necesidad virtud, que dice el refrán.

 

Ignacio Nájera García-Segovia

Gerente de ortopedia Orto-Center. Madrid

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